«Al mirar mucho tiempo el abismo, el abismo mira dentro de ti.»
 
Nietzsche.

La Compañía de Jesús en crisis investiga, luego de conocerse la publicación del diario español El País, un nuevo caso de pederastia y abusos sexuales cometidos por uno de sus miembros contra más de 80 niños en Bolivia. Corresponde recordar que hace poco tiempo se conocieron casos similares de otros dos jesuitas españoles en nuestro país, que, relacionados con instituciones educativas estuvieron involucrados en actos similares.

Este nuevo caso divulgado por el periódico mencionado es denunciado por el sobrino del jesuita, quien, de casualidad, encontró archivado un diario personal en el que el propio padre Alfonso Pedrajas relata los vejámenes a los niños en el colegio Juan XXIII de Cochabamba que dirigía, cuál una macabra imitación del libro de Mark Van Der López:  Diario De Un Asesino Serial, pero en este caso real y en calidad de confesión (post mortem). El sobrino, Fernando Pedrajas, remite dicha información y denuncia a la Compañía de Jesús en Bolivia sin obtener respuesta.

Los delitos cometidos son intuito personae y se atribuyen a personas en particular razón por la que no pueden alcanzar a otros ya sea por afinidad o cercanía. Este caso tiene características particulares ya que involucra a otros, que en conocimiento de los actos cometidos los han callado y encubierto. Unos simplemente los pasaron por alto y alguno se amparó en la Norma Canónica del Secreto de Confesión, la que en 2019 mediante un documento del Vaticano aprueba y ratifica la inviolabilidad del secreto de confesión. Este documento afirma que incluso ante “pecados que constituyen un delito, nunca está consentido imponer al penitente, como condición para la absolución, la obligación de entregarse a la justicia civil” aunque esto, no excluye la responsabilidad que tiene el sacerdote confidente; tratar de convencer al agresor que confiesa haber cometido abusos o delitos, para que se entregue y se haga justicia. Por lo tanto, en ambos casos la complicidad es evidente.

Soy antiguo alumno de un colegio jesuita y siento dolor y malestar por estas noticias porque manchan injustamente no solo el trabajo de tantos años de la Compañía de Jesús en Bolivia, sino también de los verdaderos jesuitas que conocimos en nuestros años de formación, a los que admiramos, porque ellos sí fueron grandes formadores y educadores, los mejores que uno pueda encontrar, sin duda. Hoy casi todos ellos han fallecido y quedan en el recuerdo.   La Compañía de Jesús en Bolivia está obligada a investigar a fondo este y otros casos que son de su conocimiento, para hacer justicia con las víctimas, limpiar su imagen como institución religiosa y preservar el nombre y prestigio de otros sacerdotes, honestos y probos cuya imagen hoy se ve opacada por estos repugnantes hechos.  

Tener un Delegado de Ambientes Sanos y Seguros en la estructura de la Compañía de Jesús obliga a esta instancia a actuar de manera ecuánime, no hacerlo así cuando recibe una denuncia, puede considerarse como un acto de connivencia. Una investigación en este tipo de abusos no solo debe circunscribirse y ser investigada al interior de la institución religiosa como “investigación canónica”. Una disculpa y demostración de vergüenza (como manifiesta el comunicado hecho público en las últimas horas) no repara el daño causado.

Esta investigación debe ser transparente y estar en competencia de las autoridades constituidas por ley para que se conozca a fondo la verdad y se sancione a todos aquellos que, en conocimiento de los aberrantes delitos, -tal como el propio Pedrajas señala en su repugnante diario-, sean sancionados por encubrimiento. Solo así demostrarán una actitud de arrepentimiento, mostrarán que no se está encubriendo y que realmente quieren “acabar con esta lacra”, como dice el comunicado.

Nos enseñaron que Ignacio era el mistagogo del discernimiento y la justicia, ahora es momento que los jesuitas pongan en práctica aquello que el evangelio de Mateo (Mt. 6:33) plantea claramente: “Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”, es momento también de hacer una reflexión profunda y un discernimiento para entender qué está fallando al interior de la Compañía de Jesús, porque es evidente que en algo se está errando, algo se está haciendo mal.

Pedir transparencia a los jesuitas para que se haga justicia, pedirles que sigan la fuente que alimentó el impulso de Ignacio de Loyola y que les dejó como legado en su Autobiografía es pedirles que reivindiquen el trabajo de la Compañía de Jesús y de muchos sacerdotes que dejaron en nuestro país un legado de Amor, Honor y Servicio, de entrega a los demás, hasta agotar la propia vida en su misión apostólica, desde las llanuras de la Chiquitanía oriental hasta las desoladas pampas del altiplano.

Son muchos los nombres de grandes jesuitas que se me vienen a la mente, más evitaré mencionarlos porque de seguro me olvidaría de alguno y eso sería desleal, porque desde muchos frentes, los jesuitas de manera individual y la Compañía de Jesús en innumerables obras, dignificaron el trabajo de la Iglesia católica, y obviamente, la sociedad reconocida los ha condecorado con las máximas preseas que nuestro país otorga por servicios destacados.

La sociedad está indignada al conocer que una denuncia de agosto de 2022 y que, según comunicado de la propia compañía, concluyó en abril 5 de este año sin conocerse detalles conclusivos de la misma. Una voluntad de hacer justicia a las víctimas podría haberse demostrado mediante la realización de una conferencia de prensa en la cual se pusiera en conocimiento de las autoridades judiciales el caso investigado y concluido, permitiendo que se abriera una investigación y se evaluara el daño causado para, de ser necesario, resarcir a las víctimas.

El dinero no comprará la dignidad de aquellos que fueron vejados, pero es lo mínimo que pueden recibir para compensar, en parte, el vía crucis (por decirlo en términos eclesiásticos) que sufrieron por las violaciones de un cura pederasta.

Si consideramos la vida y obra de Ignacio, es posible que, al ver la situación actual, elevando la vista al cielo expresaría con sorpresa y asombro algo como:  «Jesús… qué Compañía…»

Un comentario en «Una compañía en desolación…»

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