Alejandro M. Rodríguez V.

La inauguración de una obra tan importante para el desarrollo de la ciudad de La Paz como es la de los puentes Trillizos, debiera ser también una ocasión propicia para llevarnos a los bolivianos a analizar que lo que necesitamos en este momento es precisamente eso, tender puentes que nos unan y no cavar zanjas y trincheras que nos separen cada día más.

La innecesaria y desproporcionada reacción del Gobierno, y esa respuesta desmedida por parte de los que ostentan el poder político y el control social, ponen a los que nos encontramos en medio, en una profunda crisis de entendimiento. Si, porque no entendemos cómo un estado que no ha tenido la capacidad de atender las necesidades de los más pobres y necesitados de este país, sobre todo en las áreas rurales en derechos básicos como salud y educación, sea tan poco agradecido con quienes (la iglesia católica) suplieron estas carencias y estuvieron allí, donde nadie quiere estar o donde no se puede llegar, simplemente por una misión apostólica de fe y de justicia y una inmensa dosis de amor y de compromiso.

Grandes hombres de esta iglesia católica, que ahora tan fácilmente es catalogada como “enemiga de los pobres y de los campesinos” han dado su vida por este pueblo siguiendo el ejemplo de Cristo, como profetas, comunicando la palabra de Dios y denunciado las injusticias, como verdaderos hermanos, compartiendo la realidad de pobreza. Porque ese es el mandato que Dios que nos hace llegar a los hombres, expresado en ese diálogo fraterno, palabra de paz y luz que brota del Evangelio.

Pedro Basiana, Pepe H, Luís Espinal son sólo algunos de los miles de sacerdotes que a lo largo y ancho de esta hermosa tierra vivieron y testimoniaron lo que predicaron toda su vida, mostrando una total coherencia de amor, entre su pensamiento, sus palabras y sus actos. Poca gratitud tendríamos si desconocemos todas las obras que la iglesia católica ha desarrollado en Bolivia, desde las más grandes hasta las pequeñas, pero todas ellas orientadas a que esos hombres y mujeres y sobre todo los jóvenes y niños puedan tener condiciones más favorables de vida y puedan así elevar su dignidad humana.

Los nombres de esos puentes no pueden quedarse como hermosas utopías o simples enunciados. Independencia, Unión y Libertad, es lo que heredamos de aquellos hombres y mujeres que con el precio de sus vidas nos dieron la posibilidad de vivir en esta tierra. Nos queda como parte de nuestra responsabilidad ciudadana, agregar a esa nómina de héroes cuyos nombres están grabados con letras de oro en las páginas de nuestra historia los de esos miles de héroes anónimos que durante años también a través de su apostolado silencioso construyeron una mejor nación.

Publicado hace 29th November 2010 Alejandro M. Rodríguez V.

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