Por: Alejandro M. Rodríguez V.

Cuesta creer que luego de treinta y ocho años de haber recuperado la democracia esta siga tan frágil e inconsistente como en ese remoto 10 de octubre de 1982, año en que se posesionaba a Hernán Siles Suazo como presidente constitucional. El escenario previo: duras batallas congresales, convulsión, caos, nueve presidentes, entre civiles y militares, en menos de tres años.  Siles había ganado las elecciones dos años atrás por 1.512 votos dejando en segundo lugar a Víctor Paz, situación que se repitió, pero con un margen algo mayor en las elecciones de 1980…  

Suena lejana la historia, pero si cerramos los ojos y hacemos una abstracción histórica, suplantando actores y superponiéndolos en nuevos tiempos (los actuales) no avanzamos un ápice. El sistema democrático boliviano está tan inmaduro, frágil e inestable como entonces.   En noviembre de 2019 y tras 21 días de movilizaciones… salimos de una elección anulada luego de un monumental y descarado fraude, se instala un gobierno de transición que asume las riendas en momentos de caos y violencia, éste, en medio camino, pierde el rumbo y decide entrar en la carrera electoral, el poder legislativo se emplaza como un gobierno paralelo y luego de momentos de convulsión y violencia en plena pandemia, los políticos acuerdan que la fecha inamovible para las elecciones sería octubre del 2020.  Cuántas coincidencias…

Se supone que en democracia gana el que gana y el que pierde debe asumirlo, pero en nuestro país parece que no, porque debemos transar con los rebeldes y firmar acuerdos para que los participantes perdedores acepten al ganador y de esa manera se pueda garantizar la paz social y se reconozcan los resultados electorales…  Haciendo una analogía con el fútbol es como si dos equipos antes de entrar a la cancha y disputar una final tuvieran una reunión entre los directores técnicos y el grupo arbitral para firmar un acuerdo que defina como ganador al que meta más goles. Acaso no está claro según las normas de la FIFA que es ganador el que tiene más goles a favor; en el caso de las elecciones, el que tiene mayoría en la votación, todo está normado por la Ley de Régimen Electoral (LEY Nº 026 del 30 de junio de 2010 – parágrafo II del Artículo 52).  No es acaso democracia el sistema político que le otorga al pueblo el derecho de elegir y controlar a sus gobernantes y en el que todos, ganadores y perdedores, deben acatar esa voluntad.

Entonces ¿por qué firmar acuerdos previos?, ¿es acaso que tenemos miedo de cumplir nuestras propias normas?  La  nota de prensa de El Deber del 21 de agosto pasado es irritante en estos momentos, pues indica que: “Según un estudio hacia líderes de opinión, políticos, analistas, periodistas y académicos realizado por la Friedrich Ebert Stiftung Bolivia, una fundación alemana, la principal preocupación no es la capacidad del TSE para garantizar elecciones libres, sino que los diferentes partidos y organizaciones sociales con capacidad movilizadora acepten y validen los resultados electorales” entonces qué… ¿el pueblo está subordinado al matonaje político de una agrupación, que a pesar de haber sojuzgado a los bolivianos en sus catorce años de gobierno ahora pretende atemorizar al poder constituido, medirse con las fuerzas armadas, y amedrentar al pueblo?  ¿Dónde estamos?

Son una vergüenza nuestros políticos, nuestros líderes y nuestra democracia en general, en treinta y ocho años no aprendimos nada, decimos de dientes para afuera que tenemos una democracia madura, cuando la misma esta equilibrando en un andamiaje débil y quebradizo que se sostiene gracias a la misericordia de unos y la estupidez de otros.

Es hora que los bolivianos recordemos las jornadas de noviembre de 2019 y recuperemos nuevamente la confianza en nosotros mismos, perdamos el miedo; porque unidos nada ni nadie nos detendrá. Lo demostramos cuando en unidad pudimos contra una dictadura esclavizante y corrupta y finalmente terminaron huyendo, hoy, aún luchamos contra sus resabios y es con nuestro voto que vamos a decidir el futuro de nuestra patria, porque con ese voto estaremos decidiendo el futuro de nuestros hijos y el de sus hijos.  En nuestras manos tenemos no sola la responsabilidad de elegir bien, porque democracia no es ir a votar, tenemos la responsabilidad de que nuestro voto sea respetado, aunque no les guste a los perdedores.  Si van a desplegar 48.000 personas para verificar las actas de su 26,2% de votos, pues seremos un 73,8% que defenderemos la democracia, porque esta vez no permitiremos que nos la arrebaten.

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