Justicia que baila al ritmo de moda

Por Alejandro M. Rodríguez V.

Nuestras leyes son más sabias porque no las ha hecho un hombre, sino la experiencia de muchos de ellos.                    Cicerón  

Con mucha pena vemos cómo la justicia boliviana baila nomas al ritmo que está sonando como siguiendo una especie de Ranking del momento. Pareciera que, casi siempre, le queda grande el término, ya que si entendemos que Justicia es un conjunto de valores esenciales sobre los cuales debe basarse una sociedad y el estado tales como: respeto, equidad, igualdad y libertad,  estos principios morales que deberían inclinar a que los operadores de justicia obren y juzguen respetando la verdad y dando a cada ciudadano lo que le corresponde, solo se cumplen para unos cuantos (Alieni iuris), dando una prerrogativa de privilegio a los otros (Sui Iuris), por lo tanto se rompe el sentido mismo del término Derecho como un conjunto de Principios y Normas inspirados en ideas de Justicia y Orden.

Hoy en día parece increíble, pero es cierto, los honestos tienen que dar más explicaciones que los corruptos, las cárceles se llenan de ladrones de bagatela y solo después de ver toda esta lamentable realidad recién entiendo aquello que sabiamente decía mi madre: “antes, de las cuerdas pendían los ladrones, hoy medallas penden en su pecho y guirnaldas adornan su cuello…” .

Aún no llego a comprender en que parte de la historia se perdió el sentido de equidad en nuestra sociedad, en que momento se rompió el equilibrio de la balanza y se cayó ese velo que cubría los ojos de Themis, la diosa griega y ciega de la justicia, o en qué momento la diosa romana de la justicia Lustitia se quitó el velo, tiró la espada y la balanza y prefirió irse de parranda.

La justicia en Bolivia está totalmente desacreditada, requiere de un cambio urgente, pero un cambio que remueva desde sus cimientos las décadas de calamidad y podredumbre en la que está sumergida.  Un querido amigo, reconocido y prestigioso jurista me dijo hace algunos días: “la justicia boliviana hiede, es fétida por la corrupción y todos sabemos que sin Justicia (así, con mayúsculas) no hay Derecho…” Cuánta razón en sus palabras… el solo hecho de pensar cuánto dolor puede causar en la sociedad una justicia al estilo boliviano, porque la nuestra es única, no sé si la peor, pero es única,  debería mover los hilos más profundos de la sociedad y así como en algún momento miles de personas se unieron a nivel nacional clamando por libertad y democracia, hoy la sociedad debería pensar seriamente en crear movimientos que pidan recuperar la Justicia en nuestro país, porque Libertad, Democracia, Justicia y Derecho (así todas con mayúsculas) son los principios fundamentales que debemos recuperar como sociedad y luchar por mantenerlos, porque solo así podremos vivir en Paz. 

Al parecer este descrédito de los sistemas judiciales no es solo un tema local, leyendo la prensa, cada país y cada sistema tiene su propia historia de vergüenza y peor aún, este tema parece venir de muchísimos años atrás,  Michel Foucault en su libro Vigilar y castigar, nacimiento de la prisión habla de factores externos a la justicia que influyen en las sentencias dictadas y la aplicación de penas:  “Pero desde el momento en que las penas y las medidas de seguridad definidas por el tribunal no están absolutamente determinadas, desde el momento en que pueden ser modificadas todavía, desde el momento en que se confía a otros que no son los jueces de la infracción el cometido de decidir si el condenado «merece» ser puesto en semilibertad o en libertad condicional, si es posible poner término a su tutela penal, son realmente mecanismos de castigo legal los que se ponen en sus manos y se  dejan a su apreciación: jueces añejos, pero jueces después de todo.

Todo el aparato que se ha desarrollado desde hace años en torno de la aplicación de las penas, y de su adecuación a los individuos, desmultiplica las instancias de decisión judicial y prolonga ésta mucho más allá de la sentencia.

Al parecer la manera de administrar justicia de algunos jueces es tan sui generis y creativa que sobrepasa la interpretación de los códigos subestimando el principio mismo del Derecho.

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